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El caballo del pensamiento

Editorial:
Universidad de Granada

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Descripción

[…] «La angustia –dirá Jacques Lacan al principio de este Seminario sintetizando la dualidad entre pensamiento y cuerpo– es el caballo del pensamiento». Esa bella frase está en el primer capítulo, es una definición poética de la angustia, la angustia como el caballo del pensamiento. Cuando la leí, pensando en Granada, me di cuenta de que era una frase lorquiana. Se podría encontrar (y lo encontré) en Lorca varios lugares donde la figura del caballo aparece, en concreto, como la figura de la angustia, el objeto angustiante. Por ejemplo, en el Romance de la luna, luna encontramos esa frase: «Huye luna, luna, luna/ que ya siento sus caballos». Se refiere a los caballos de los gitanos que van a raptar a la Mujer luna y Lorca dice “huye”, da la señal de angustia a la Luna, porque ya vienen los caballos a raptar a esa Luna. Podría hacerse una clínica diferencial, sería un ejercicio de seminario al estilo de los que a veces nos gusta hacer en el Campo Freudiano, de los caballos en la Clínica psicoanalítica y en la Literatura. Tomar, por ejemplo, el caballo de García Lorca como una figura eminente de lo que es el objetode angustia y ponerla a la par del famoso caballo del Caso ‘Juanito’, otro caso de Freud, que es el caso por excelencia del objeto fóbico caballo.

Hay otro poema de García Lorca: «Soledad de mis pesares /caballo que se desboca /al fin encuentra la mar / y se lo tragan las olas». Es el Romance de la pena negra, donde encontramos la figura del caballo desbocado, el caballo del pensamiento diría Lacan, que arrastra al sujeto hacia ese encuentro con el mar donde se lo tragan las olas. Figura, realmente, muy precisa de lo que es la angustia y de su objeto. Ahí, al menos, tenemos una palabra para la angustia; por ejemplo, la palabra “caballo”. Ya ahí podemos hacer una primera diferencia clínica –que va a ser muy importante para el Psicoanálisis y que, además, sólo hace el Psicoanálisis de manera tan precisa– entre la angustia, la ansiedad y la fobia.

Freud hace esa distinción. Piensa que la angustia no tiene un objeto preciso, porque la angustia no sabe de qué se angustia, mientras que la fobia sí tendría un objeto. La fobia sabe muy bien de qué tiene miedo. Juanito sabe muy bien que tiene miedo de los caballos, cuando ha podido construir, nombrar con un significante, con una representación ese objeto de la angustia. Tanto es así, que llegamos a decir de la fobia, que “no hay nada mejor que una buena fobia bien organizada”. Los sujetos fóbicos, que tienen objetos muy precisos y muy bien localizados, se manejan a veces muy bien en la vida porque pueden vivir muy bien a condición de no cruzarse con el objeto fóbico. Entonces, conseguirse un objeto fóbico bien exótico es una buena forma de andar por la vida porque, justamente, es una resolución de la experiencia de la angustia. Ahora bien: detrás de la fobia siempre hay la experiencia de la angustia y algo de ese objeto que no puede nombrarse y que ha encontrado su resolución en la fobia […]

Información adicional

Colección

Breviarios ICF

Editorial

Universidad de Granada

Encuadernación

Tapa blanda

Páginas

82

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