L’Atelier 2: “Tiempos de entrada, momentos de invención”

Editorial:
L'Atelier

12,50

ÍNDICE

Preámbulo  Erick González

Lecturas paso a paso

Apertura  Iván Ruiz

Una práctica esclarecida… por el psicoanálisis  Guy Poblome

Posición del interviniente

Matar al rey, entre varios  Cecilia Saviotti

Una enunciación plural en la institución  María Guardarucci

El equilibrista  Sonia Arribas

Presentación de L’Atelier

Tiempos de entrada

Las costuras de un espacio  Marta Berenguer

Una entrada por la salida  Marta Gutiérrez

Servirse de la institución  Regina Menéndez

Lecturas paso a paso

Un tapiz  Vicente Palomera

Momentos de invención

Biglietto da visita  Sylwia Dzienisz y Fabio Consoli

ATOL un dispositivo orientado por el psicoanálisis  Jose Castillo

Construir un parquet  Trinidad Valente

Hacerse con la institución

Dile al informático que pare de borrar las carpetas  Erick González

Dentro o fuera de la banda: una inversión topológica en un campamento de Halloween Howard Rouse

Thesaurus sobre psicosis en los seminarios 4, 5 y

Agotado

Descripción

EDITORIAL DE ERICK GONZÁLEZ

Si hemos de abrir el número dos de esta publicación que sostenéis en vuestras manos, esto ha de hacerse otorgándole la centralidad de la trama a un tapiz, al tapiz del que Vicente Palomera decidió hablar en su conferencia[1] durante las jornadas Hacerse con la institución: tiempos de entrada, momentos de invención[2]. Es decir, lo que queremos hacer es tomar el relevo de un objeto, como si se tratase de un testigo, para delinear cuáles han sido los avatares de ese precioso Agalma. Vida secreta a veces y otras expuesta, de un tapiz rojo que acarició los aires del aliento soplado en los inicios, por la inspiración.

En este punto nos gustaría decir algo sobre este término inspiración, que en este ejemplar veréis mencionado unas cuantas veces. ¿Qué valor tiene ese uso reiterado? Y es que precisamente se trata de un término acertado para localizar el estilo de una invención, que no acaba de resolver sus tensiones entre lo individual y lo colectivo[3], y que no retrocede ante la responsabilidad de sostener los principios de lo que se ha dado por llamar en el Campo Freudiano, práctica entre varios. Como veréis en uno de los textos[4] de este número, esos principios son: “Formación psicoanalítica, reuniones de equipo regulares para hablar sobre la lógica de nuestros encuentros con los niños, y psicoanálisis personal”, y también encontraréis la siguiente aclaración: “pero esto no quiere decir que todos los intervinientes reúnan estos criterios, [sino que con el establecimiento de las rutinas, y la aparición de las contingencias, el trabajo lleva a los intervinientes a concentrarse] en torno al núcleo de tomar muy seriamente los intereses, las posiciones, y especialmente las palabras particulares de cada niño, [deviniendo] en algo así como un nuevo sentido común”.

Esta inspiración por lo tanto, no toma solo la vertiente que sostienen las Musas en la mitología griega, sino también la del viento, en donde podemos tomar lo que dice Jacques-Alain Miller en su curso Todo el mundo es loco: “el aire me importa mucho. De hecho elegí como emblema para el Campo Freudiano un Eolo, un Eolo de Durero, que sopla, ¡fuuuu!, es el viento que desaloja los malos olores y el viento que hincha las velas”[5].

En los textos que publicamos en este número encontraréis la marca de una práctica posible con los sujetos llamados autistas y psicóticos en Barcelona, marcada por un estilo —el estilo sobre todo de aquellos que han participado continuamente en la creación y el sostenimiento de los dispositivos de la Associació TEAdir, puestos en cuestión en sus propias reuniones de equipo, pero esclarecidos de manera sostenida en los espacios del Instituto del Campo Freudiano[6]—. Esta experiencia —leeréis— ha sido moldeada por las corrientes impulsadas por la colisión con el Otro institucional[7], con el discurso imperante, con la doxa de las especialidades, con la xarxa[8] asistencial que nos envuelve; y también, inspirada por las modalidades de tratamiento del Otro y de la transferencia, que hemos conocido y estudiado, de instituciones como Le Courtil, L’Antenne 110, Nonette, Mish’olim, entre otras.

Como encontraréis en la conferencia de Vicente Palomera mencionada anteriormente, durante unas Jornadas de la RI3[9], unos cuantos participantes de un Grupo de Investigación de la Sección Clínica de Barcelona recibieron de él un tapiz belga; un objeto artesanal que estuvo resguardado durante un tiempo, pero que nombró sin embargo a la primera Asociación[10] que ofreció su paraguas legal al dispositivo inaugural para una práctica entre varios, que fueron unas Colònies de verano realizadas hace ya casi una década. En esa ocasión y durante unos cuantos años consecutivos, en cada edición estival de las colonias, el tapiz era extendido en alguna pared de la casa que alojaba al dispositivo.

Fue en una de esas ocasiones, hace dos años, que el tapiz se convirtió en algo más que el fondo de una fotografía grupal. En aquella ocasión había sido desmontado de su lugar en la pared de la cocina, por un chico para el que era importante desvestirlas. Por ello la tela acabó relegada a la segunda planta de la casa, en donde se encontraba la sala de juegos. Un día siguiendo la estela del esfuerzo de estabilización de otro chico, para el que era fundamental encontrar un espacio silencioso a condición de estar acompañado, los intervinientes se vieron llevados a realizar tareas de limpieza, muy silenciosamente, de todos los objetos que había en ese lugar. Después de haber girado una mesa para limpiar sus patas, fue necesario volverla a poner de pie sobre el tapiz, que pasaba así a convertirse en alfombra. Como aquello tenía efectos de apaciguamiento fueron dóciles a ese uso, a pesar de que muy secretamente pudiesen estar sintiendo una lejana recriminación por ensuciar aquel objeto con tal carga simbólica. Pues bien, en ese momento, podríamos decir que el tapiz, por la vía de esta pragmática se hizo con la institución; pasó de tener un lugar metafórico a incluirse en el lazo, en la conexión procurada en los dispositivos de la práctica entre varios, a modo de bricolaje.

Se trató allí, de un momento inmediatamente previo al entretejido de por un lado, la institución en el discurso, es decir, aquello sostenido por una modalidad específica de hacer con las problemáticas de la transferencia y de las identificaciones, y por otro lado la institución como edificio. Hace más de un año que los circuitos de los chicos y los intervinientes acogidos en la institución TEAdir tienen algo que ver, ya sea de manera incluyente o excluyente, con unas coordenadas específicas en la ciudad de Barcelona, el Centre d’Activitats[11]. Se trata del primer lugar fijo que tiene el tapiz, de una cuestión que va más allá de lo anecdótico.

En este ejemplar entonces queda patente una manera concentrada, intensa, pero a la vez distendida, de un estilo de conversación que forma parte del edificio epistémico, clínico y político de una invención que pretende ir más allá de lo momentáneo; sin que ello se convierta en obstáculo, por lo demasiado-instituido que habitualmente impide la operación de lo instituyente. Una tarea difícil que se obstina en tomar muy seriamente el sintagma propuesto por Alexandre Stevens: De lo que se trata es de construir “una institución para cada sujeto”[12].

Si comparáis este ejemplar con el anterior, descubriréis rápidamente que hemos necesitado poco para romper con la estructura, representada por las secciones del primer número. El motivo es que el 30 de marzo del 2019 se realizaron unas jornadas, las cuartas organizadas por el Grupo de Investigación sobre psicosis y autismo, y el Taller de estudios sobre práctica entre varios, ambos de la Sección Clínica de Barcelona, a las que fueron invitados el mencionado Vicente Palomera, y Guy Poblome. Al revisar el material del que disponíamos tanto en aquello que había sido escrito, como en cada uno de los debates, sentimos que eso tenía que convertirse en este segundo número.

Por ello queremos aprovechar para agradecer a todos aquellos participantes del grupo de investigación[13] que colaboraron de manera rápida y precisa en la transcripción del material obtenido en estas jornadas. Es nuestra intención con este trabajo, apuntar al esclarecimiento —tomando el término de la conferencia inaugural de Guy Poblome— o mejor dicho, la ilustración de lo que ha sido el recorrido hasta ahora de una inspiración plural, una rosa de los vientos, movible pero orientada.

Siguiendo con la cita que hemos tomado previamente de Jacques-Alain Miller, en este estilo plural, intentamos escribir con mil aires[14].

Información adicional

Editorial

L'Atelier

Fecha de edición

2019

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