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Lost in cognition

Editorial:
COLECCION DIVA

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Este libro es para leer, e incluso, para releer. Interpreta con vigor la quintaescencia de varios ataques de practicantes contra el psicoanálisis hoy. Para el psicoanálisis, Eric Laurent, es claro: no hay alianza sino un muro entre el psicoanálisis y las neurociencias. Sí, hay un muro entre lo real del psicoanálisis, y el síntoma, y la serie de objetos conformes producidos por el discurso científico. No hay alianza sino un muro entre el psicoanálisis y las neurociencias. Esto es lo que dice el libro, rico en enseñanzas, que no es una obra de reconciliación maleable, aunque las “leyes universales definidas por la biología alcancen inevitablemente a producir lo único”(p.64), mismo si ellas pueden descubrir que ” no hacemos uso dos veces del mismo cerebro” (p64). ” No podemos reducir el sujeto, el “parlêtre” a un sistema de huellas”. (p12)
En la parte de « la evaluación imposible » (p. 71-99), somos iluminados en el modo en que la clínica psiquiátrica del DSM que descansa sobre la evidencia “based medicine” comienza a ser criticada. Eric Laurent aporta una esperanza haciendo estado de contra-fuego a este tipo de lógica.
La tercera parte del libro, y particularmente el último capítulo “Conocimiento y transferencia en el psicoanálisis de hoy” (p125 a 136) son flechas incisivas, balas discretas, que atraviesan un misterio importante: ¿Cómo comprender el lugar -forclose- otorgado al psicoanálisis en nuestro siglo? Desde ya hay poco, el debate entre Daniel Widlocher y Jacques- Alain Miller editado bajo el título de El Futuro del psicoanálisis tomaba cuerpo en torno a esta cuestión.
Eric Laurent, aqui, da cuenta de los reclamos de varios practicantes, contra el psicoanálisis de hoy. En el arcoíris de sus dudas y de sus furias confusas responde aquí el trueno. La cuestión actual en 2009, es fundamental para todos nosotros:¿ porqué tantos psiquiatras, psicólogos, analistas, tienen una tentación muy fuerte de abandonar el psicoanálisis?
Este hogar está ardiendo y debemos saber de qué madera se nutre. Ya que, ¿Quién de entre nosotros en instituciones, en el hospital, en CMP, no escucha estos llamados reiterados a utilizar varias técnicas, y sobre todo no únicamente el psicoanálisis? Se incita psiquiatras y psicólogos, “curadores” a correr hacia el “multi-factorial”, el “multi-disciplinario”, a interesarse por los factores neurológicos, genéticos, por los métodos “Teach” por ejemplo en lo que respecta al autismo, etc. No es seguro que ello no sea consecuencia de la relación con el INSERM, o de las quejas de Bernard Accoyer.
Eric Laurent nos muestra aquí que algunos psicoanalistas han introducido por sus dudas el insecto en el fruto de su propio arte: “(…) la tentación es grande, entre los psicoanalistas de ceder a su angustia y de abandonar el psicoanálisis”.(p136). ¿Porqué? En IPA, nos dice, citando a Jacques-Alain Miller (La Cause Freudienne nº53) la noción de contra-transferencia, sigue operando: el analista se orienta por sus propias emociones. En cierta corriente de esta asociación internacional, vemos borrarse la disimetría entre analista y analizante lo cual “provoca también efectos emotivos en la posición del analista”. En consecuencia, podemos captar muy bien, cómo será imposible para el analista orientado por la “contra-transferencia” y su flujo, dirigir la cura y llevar la sesión al término justo. Confuso será “su acceso al saber que le permite interpretar y dirigir la sesión”.(p126). Es entonces, desarrolla Eric Laurent, que ciertos analistas buscan una “experiencia clave”, enraizada en l’insight , cuando otros buscan alcanzar un estado “casi alucinatorio” para comandar la sesión (p127). Del mismo modo, como Daniel Widlocher, quien responde, lo sabemos por el diálogo con JAM devolviendo el vigor al “cuadro fijado por el reloj”. Dificultad, entonces, para articular la transferencia como “puesta en acto de la realidad sexual inconsciente”, obstáculo para ver otra cosa que la repetición o la reproducción, como lo decía Jacques Lacan en l’identification (p110-111). Dificultad aún de estos analistas que aseptizan la tarea analizante buscando ante todo disipar la angustia. No olvidemos que Lacan había podido subrayar la importancia: ” No haremos aquello que le reprochamos a los otros, a saber, del texto de la experiencia que interrogamos, elidir al analista. La angustia sobre la cual debemos aportar una formula aquí, es una angustia que nos responde, una angustia que provocamos, una angustia con la cual tenemos una relación determinante.” (Jacques Lacan, El seminario, La Angustia).
Eric Laurent, finalmente, nos hace ocuparnos de cómo precisamente el lugar justamente dado por ciertos psicoanalistas a los procesos cognitivos, a la conciencia, que es lamentada por muchos de ellos. (p129). El señor Fred Busch, psicoanalista americano, ego psicologista, se pregunta por qué el aporte de las neurociencias es desconocido por los psicoanalistas kleinianos particularmente.., en cuanto al inconsciente, no es más que « un proceso cognitivo todavía no consciente » , (ibid), y los psicoanalistas kleinianos no tienen teoría suficiente del ego.
¿Conclusión? La ética analítica, sola, puede combatir este gris futuro del psicoanálisis, haciéndose cargo de la cuestión de la angustia.

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Editorial

COLECCION DIVA

Fecha de edición

2005

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